domingo, 15 de abril de 2012

El papel de la Familia Real en la nueva república

Ante los problemas de salud de Su Majestad, los españoles comenzamos a pensar que el fin de su reinado está más cerca. Esto plantea la cuestión de qué vendrá después. Si nos atenemos a la Constitución de 1978, el Príncipe de Asturias debe sucederle; pero, si bien esta constitución fue aprobada por la mayoría de los españoles, hay que tener en cuenta que la alternativa era seguir con las leyes franquistas.

Desde que Franco nos dejó, no se ha consultado jamás a los españoles sobre si quieren ser una monarquía o una república. Creo que ese referéndum debe celebrarse cuanto antes aunque no tengo otra autoridad para pedirlo que la de un ciudadano español.

La cuestión es la siguiente: si se proclama la República, ¿Qué pasaría con la Familia Real? Como estadístico, tengo pocas seguridades y, desde luego, no puedo asegurar el éxito de la nueva república. Por lo tanto, la Familia Real siempre es una alternativa de poder y es quien ha suministrado a España durante siglos sus jefes del estado. Por lo tanto, los españoles debemos considerarla como un recurso. Cada uno de sus miembros es libre de hacer lo que le dé la gana mientras respete las leyes (con la excepción del Rey que según la Constitución de 1978 no responde ante la Ley); pero los españoles debemos hacer lo posible para que la Familia Real siga existiendo.

La Duquesa de Alba, a pesar de que no es una señora feudal, conserva su título de duquesa mientras administra sus propiedades como cualquier otro español. Creo que es un ejemplo a seguir. Creo que Su Majestad no debería renunciar a su título de Rey de España ni a ninguno de los demás, simplemente debería dejar de ser Jefe del Estado Español y Capitán General del Ejército (las armas las carga el diablo).

Patrimonio Nacional posee abundantes inmuebles que sufragaron los españoles con sus impuestos y que han sido usados tradicionalmente por la Familia Real. Todo el que tiene una casa en un pueblo sabe que, si esta no se usa, al poco tiempo se viene abajo. Permitir que la Familia Real use alguno de estos inmuebles contribuiría a conservarlos y crearía algunos empleos. También ayudaría a que los españoles podamos seguir disfrutando de tener una Familia Real con la seguridad que ello supone.

Evidentemente, la Familia Real debe ser mantenida con generosidad con el Estado Español y podrían servir al Estado presidiendo actos tales como conciertos, inauguraciones…


viernes, 6 de abril de 2012

La libertad religiosa

La religión católica es una fe. Sostiene que Dios existe y que ha hecho determinadas revelaciones que son las que elige la Iglesia Católica, que compara las distintas fuentes y elige las que le parecen más adecuadas. Millones de personas tienen esta fe. Atacar a la religión católica sin un motivo suficiente es una forma de molestarlas.

Curiosamente, el ateísmo también es una fe: probar la existencia de Dios es difícil; pero probar que no existe es tan difícil o más. “Dios existe.” es un indecidible: una cuestión que la filosofía no permite averiguar si es cierta o no. Una manifestación, por multitudinaria que sea, no prueba una cuestión.

A quienes profesan una misma fe les gusta reunirse. Eso les confirma en sus creencias. El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) logró reunir a más de 100.000 militantes en sus grandes manifestaciones. Hoy en día casi todo el mundo cree que estaban equivocados. Es natural que los ateos también se reúnan: esto les ayuda a defender su derecho a no pensar lo mismo que dice la Iglesia Católica.

Durante el Franquismo, las leyes españolas decían que “La religión española es la católica, única verdadera.” Esto permitía que las leyes persiguieran cualquier práctica que no estuviera de acuerdo con esta religión. Ser homosexual era una culpa suficiente como para ser encarcelado o internado en un centro psiquiátrico con un severo tratamiento. Es natural luchar contra la prepotencia de algunos católicos que se creen con derecho a imponer su credo a los demás.

Luchar contra esta prepotencia es una necesidad: miles de personas han muerto o han sido torturadas por no ser católicas. Una de las peores matanzas que recuerda la historia fue la toma de Jerusalén durante la Primera Cruzada. Los habitantes de Jerusalén fueron asesinados ya fueran hebreos, musulmanes o católicos. Lo que no es justo es molestar a los católicos cuando intentan celebrar sus fiestas religiosas. Hay muchos días en el año que no son coinciden con ellas y pueden ser usados para una manifestación donde se reúnan los ateos. Un ejemplo: el 8 de diciembre, aniversario de la proclamación de la Constitución, que establece que en España no pueden existir la discriminación por razones religiosas.

Por otra parte, considero absurdo hacer una manifestación reivindicando que Dios no existe. Si su existencia es una cuestión indecidible, Dios seguirá existiendo o sin existir por mucha gente que vaya a la manifestación. No obstante, podríamos decir lo mismo de las procesiones que organiza la Iglesia Católica.

Donde me duele es en la libertad religiosa. Los católicos sostienen que para salvar nuestra alma debemos elegir el camino correcto. Yo también lo creo; pero no creo que el camino correcto sea el suyo. Cada religión, cada credo representa un camino para salvar nuestra alma y cada persona es libre de elegir el suyo mientras no viole las leyes del país en el que vive –en este caso, España-. La Iglesia Católica no tiene ningún derecho a imponer a los no católicos una forma de vida o unas leyes.

Hace años vi como en el programa “Caiga quien caiga” de Tele 5 mostraba un video de la televisión correspondiente a la COPE donde un cura decía “¡Es que se creen que algo es legítimo sólo porque lo vote la mayoría de los diputados!” y el Gran Wyoming respondía: “¡Por supuesto que sí! Porque, de lo contrario, esto no sería una democracia, sino una teocracia."

La libertad religiosa es esencial sobre todo porque quienes profesan una religión se creen en posesión de un conjunto de verdades que afectan a la mayoría de los ámbitos de la vida y se consideran con derecho a imponérselos a los demás. Frente al afán de los creyentes por imponernos a los demás sus creencias debemos reivindicar la libertad religiosa y luchar por ella; ¡Pero luchar unidos, sin dividirnos en católicos, agnósticos, protestantes, hebreos o musulmanes! Para vencer debemos unirnos en una sola fuerza que luche contra los fanáticos que se creen con derecho a imponernos sus creencias. Así tendremos más posibilidades de vencer. No se trata sólo de poder decidir en qué creer sino también en cómo creer. En España, hay mucha gente que es católica pero no les gusta que el cura les amargue la vida exigiéndole que se case con su pareja cuando forman una pareja de hecho: es un asunto privado y el cura no es quién para decidir sobre ello. La cosa varía cuando la pareja quiere ir a la iglesia: ahí es el cura quien manda y quien decide si dispensa los sacramentos o no.

Una reivindicación básica del movimiento laico debe ser que el estado deje de gastar el dinero de todos en subvencionar a la Iglesia Católica. Si se les paga por cuidar a los enfermos o a los mendigos, la Iglesia debe competir con otras ofertas y sólo ganará el concurso cuando haga la mejor oferta. La Iglesia Católica no es pobre como prueba que sea dueña de muchas Universidades. ¿Qué otra entidad española puede permitirse el lujo de tener una Universidad? Mientras los católicos sufraguen sus universidades, colegios, medios de comunicación y demás medios de influencia con su dinero me parecerá legítima la defensa de su fe; pero no veo por qué tenemos que pagar los demás su publicidad. Esto es como si, mañana, el gobierno del PP decidiera por su cuenta y sin contar con los demás sufragar toda la publicidad de “El Corte Inglés”. Sería absurdo, ¿no?

jueves, 8 de marzo de 2012

El precio del arte

Pagar por la música o las películas que se descargan por Internet irrita a muchos internautas. Sorprendentemente proponen lo siguiente: “El arte debe ser gratuito.” A mi entender, esta idea es absurda. Una obra de arte, como es el caso de una película o una canción es el resultado de un esfuerzo que suele ser muy caro y reúne el trabajo de muchas personas. Pedir que estos trabajos se distribuyan siempre gratuitamente implica no pagar a quienes los han realizado. Quienes elaboran obras de arte están sirviendo a la comunidad. Pretender no pagarles equivale a querer ser servido por esclavos.

Hay que considerar otro factor: el arte no es sólo el resultado del trabajo de una persona o un grupo de ellas sino que también hay que aportar otros recursos. Por ejemplo, el pintor debe pagar por el lienzo, los pinceles y los colores al óleo con los que pinta. Los economistas suelen llamar “capital” a este tipo de recursos. Si alguien invierte un capital, lo mínimo a lo que aspira es a recuperarlo. Si tiene que regalar sus obras o sus reproducciones, está claro que no lo logra.

Llegamos a la conclusión de que hay que pagar por el arte. Quienes elaboran el arte son trabajadores y merecen que se les pague por su trabajo. Quienes aportan dinero a las empresas que producen arte son inversores y merecen una rentabilidad que compense su inversión y los riesgos que asumen al hacerla. La cuestión es, ¿cuál debe ser este precio? Mientras el creador –que puede ser una persona o una entidad- exista, será él quien ponga el precio de su obra negándose a aceptar un precio inferior. No obstante, si no vende su obra a ese precio, puede que tenga que revisar su actitud. Obras de arte que hoy valen millones de euros, tuvieron que ser vendidas a precios ridículos cuando su autor estaba vivo. Van Gogh vivió en la miseria aunque su obra vale hoy mucho dinero. Una de las causas de su amargura fue el rechazo de las mujeres a las que realmente amó –nunca las conoceremos a todas- y seguramente su pobreza tuvo algo que ver.

Algunos creen que el sufrimiento produce mejores artistas. Yo veo la cosa de otra manera: quienes optan por una vida fácil, puede que consigan llegar sin dificultades a fin de mes y disfrutar de comodidades; pero una gran obra de arte requiere de una gran inversión, sobre todo de tiempo. Si el artista no es rico, se ve obligado a colocar en ella todo lo que tiene y el resultado es la pobreza y la amargura: la vida del artista sin éxito puede ser muy dura. No creo que el sufrimiento produzca buenos artistas, sino que quienes intentan serlo suelen sufrir mucho.

Lo más frecuente es que el precio de la obra de arte lo establezca el mercado. La teoría económica neoclásica nos habla de un mercado donde concurren oferta y demanda y que fija el precio y la cantidad que se pondrá en venta en el punto donde se cortan la curva de oferta y la de demanda. No es lo que se suele ver en la práctica: los precios de los discos suelen ser más o menos los mismos para todos los artistas aunque estos álbumes no se vendan. Tampoco el precio de las entradas al cine o de los DVD suele ser muy distinto para los más demandados.

Parece que en el mercado de las obras de arte que se pueden reproducir –no es el caso de las pinturas-, los buenos artistas se distinguen de los demás por vender más obras no por venderlas a un precio distinto.

A veces, encontramos en algunas tiendas como “El Corte Inglés” o en muchas tiendas de discos que ya han desaparecido, ofertas especiales donde los álbumes que menos se venden se ponen más baratos.

Creo que en la práctica, los proveedores de álbumes, canciones o películas se ponen más o menos de acuerdo para fijar el precio de estas obras. El fruto de estos acuerdos suelen ser precios bastante altos. Las descargas gratuitas de obras de arte no son la forma de acabar con estos precios tan altos. Una descarga gratuita no autorizada es una infracción de la ley y también un perjuicio a sus autores –que han invertido en ella su dinero, su trabajo y su tiempo-. Si apreciamos el arte, debemos recompensar a quienes lo construyen; si apreciamos el buen arte, debemos recompensar a quienes se esfuerzan en que su obra tenga calidad.

Una descarga gratuita puede ser legal para aquellas obras en las que los derechos de autor se hayan extinguido aunque también puede suceder que el que mantiene el servidor y el sitio web donde se encuentra la obra quiera cobrar un precio justo por este servicio. También es posible que algunos autores permitan la descarga gratuita de sus obras; pero hay que distinguir entre la descarga permitida y la descarga gratuita que se realiza contra la voluntad del autor.

Llegamos a la conclusión de que Internet puede ser un buen medio para difundir obras de arte como canciones o películas; pero que hay que cobrar por ellas. La cuestión que queda pendiente es cómo evitar que los precios de actuar conforme a la ley sean tan altos que inclinen a la mayoría de la gente a apostar por la descarga ilegal. Está claro que precios altos para las descargas legales empujan a la gente a realizar descargas ilegales.

La descarga legal debe cultivarse para combatir la descarga ilegal y vencerla. Ofrecer precios competitivos es lo más obvio; pero hay que tomar otras medidas. Las grabaciones que se ofrezcan deben ser de calidad. Otra medida importante que la informática facilita es ayudar al usuario a encontrar la obra que busca –no siempre es fácil-.

Tal vez la Unión Europa, el gobierno federal de Estados Unidos o algún organismo de las Naciones Unidas podrían arbitrar algún precio asequible para la mayor parte del género humano que permita comprar estas obras sin realizar un esfuerzo económico desproporcionado. Creo que cuando hay pocos proveedores que ofrecen servicios muy semejantes es fácil que sus precios se acerquen y les proporcionen unos beneficios desproporcionados. Arbitrar unos precios protegiendo los intereses de los consumidores; pero también de quienes producen obras de arte parece la mejor solución.

Probablemente, en este caso el mercado será quien generará la solución al problema. Sitios web que ofrezcan grabaciones bien ordenadas a un precio asequible y, algunas veces, gratuito –por voluntad de sus autores; para atraer clientes o porque los derechos de autor de la obra se han extinguido-, serán probablemente los que mejor combatan las descargas ilegales.

Dada la miseria que hay en el mundo, un céntimo por canción me parece un precio más justo que un euro o un dólar por canción, aunque la solución correcta está en una cantidad que esté entre las dos citadas –curiosamente, los precios en dólares y en euros suelen coincidir en muchos productos modernos-. Cuando pensamos que una canción o una película es cara, consideramos la renta media occidental; pero en el Tercer Mundo los ingresos son todavía más bajos. Comprar música o películas a estos precios es imposible. Dado que Internet abarca todo el mundo, si en estos países hay precios especiales, los consumidores occidentales preferirán comprar en ellos sus productos.

sábado, 18 de febrero de 2012

VLC media player: un excelente reproductor gratuito

La ventaja de tener un blog es que puedes escribir en él. Esto me da la oportunidad de recomendar a mis lectores un excelente programa gratuito:  VLC media player. Este reproductor multimedia reproduce todos los formatos de audio y vídeo que conozco y es bastante completo. Se puede descargar desde la página http://www.videolan.org/vlc/ .

domingo, 12 de febrero de 2012

Sobre el iPlus

He instalado el iPlus en casa. El iPlus es un decodificador de Digital + que puede ser gobernado mediante un mando a distancia e incorpora un disco duro. Me ha impresionado muy favorablemente: si lo hubiera construido yo, estaría orgulloso de él. En primer lugar, destaca el bonito diseño visual de su interfaz de usuario. Por otra parte es muy fácil de manejar: todavía no he abierto el manual de usuario y he logrado hacer con él todo lo que he querido.

Puedes construir un programa de grabación muy fácilmente y el dispositivo te graba lo que deseas para que puedas verlo cuando te venga bien. Para mí una norma que comparto con otros programadores es no dejar un procedimiento a medias: si lo haces, es frecuente que tengas que trabajar más para enterarte de cómo funciona y para qué está allí que si lo hubieras acabado. Tener una lista de procedimientos a medio hacer tampoco es una buena idea. Pues bien, ¿qué es lo que pasa si, mientras acabas un procedimiento, empieza una película o tu serie favorita? Que tienes que optar entre renunciar a ella o verla empezada –no sé qué es peor-. Con iPlus el problema desaparece: puedes grabarla y disfrutar de ella cuando te venga bien.

Esta entrada de mi blog es para recomendar el dispositivo iPlus a mis lectores (nadie me paga por hacerlo); pero creo que tomar buenas decisiones es útil y ayudar a hacerlo es un servicio a los demás.

jueves, 15 de diciembre de 2011

La paradoja confiscatoria

 Cuando hablo de la presión fiscal en un país, me refiero a la proporción del Producto Interior Bruto que recauda el estado en forma de impuestos. Evidentemente, es un tanto por ciento: a largo plazo en insostenible recaudar más de lo que se produce porque habría que recurrir a los ahorros de los contribuyentes hasta que estos se agotaran.

Si la presión fiscal fuera cero, el estado no recaudaría nada. ¿Qué pasaría si fuera del 100%? Si el estado se lleva todo lo que produce cada ciudadano, hay pocos incentivos para producir. No es que haya ninguno: está el incentivo ético que es fuerte como prueba la pujanza del voluntariado. La enciclopedia más consultada del mundo, Wikipedia, ha sido construida por voluntarios. No obstante, es razonable suponer que, si la presión fiscal es del 100%, tampoco se produce nada porque ningún ciudadano gana nada produciendo.

Está claro que para presiones fiscales comprendidas entre el 0% y el 100% la recaudación es positiva. La curva de Laffer supone que la función que relaciona la recaudación total con la presión fiscal es continua y, como parte de cero y vuelve a cero tiene forma de campana con un solo máximo. Matemáticamente, nada dice que en lugar de uno, no pueda tener dos o tres máximos. No obstante, creo que la relación entre la recaudación y la presión fiscal tiene una discontinuidad en torno al 100%.

¿Una persona trabaja tantas horas como puede? La respuesta es no. En el siglo XIX, eran corrientes jornadas de catorce horas semanales seis días a la semana. Esto muestra que los seres humanos son capaces de trabajar muchas horas más de las que se trabaja en España. Si un ciudadano puede decidir cuántas horas trabaja, es raro que opte por trabajar el máximo de horas: no tiene sentido tener mucho dinero si careces de tiempo para disfrutarlo. La satisfacción que da el dinero crece en proporción al que ya ganas; la que da el tiempo libre también crece en proporción al tiempo libre que ya tienes: si tienes demasiado tiempo libre te aburres.

Las necesidades de una persona o una familia son relativas. Hoy en día nadie se conforma con tener un lugar donde dormir y algo que comer. Hay deseos como ver un partido de fútbol o disfrutar de un teléfono móvil que muchos consideran necesario satisfacer. Para una persona hay una renta mínima que considera imprescindible ganar. Por simplificar el razonamiento, vamos a suponer que la presión fiscal es la misma para todos los ciudadanos. Un trabajador no puede gastar todo lo que gana: tiene que pagar primero sus impuestos. Lo que le queda después de pagar estos es la renta disponible. Es con esta última con la que tiene que hacer frente a sus necesidades.

Hay gente que gana mucho dinero y puede permitirse el lujo de ahorrar; pero muchas familias viven al día: gastan más o menos todo lo que ganan. ¿Qué es lo que sucede si la presión fiscal aumenta? Que tendrán que trabajar más horas para hacer frente a sus necesidades. Es frecuente que, cuando en una familia falta dinero, algunos miembros de la familia busquen trabajo o pongan un negocio. Esto muestra que, cuando la presión fiscal aumenta, la actividad aumenta también.

Si suponemos que la renta de una persona es proporcional al número de horas que trabaja, el número de horas que tiene que trabajar es inversamente proporcional al porcentaje complementario de la presión fiscal. Pongamos un ejemplo práctico. Supongamos que la presión fiscal es del 60%. Si una persona necesita gana tres mil euros mensuales, pagará mil ochocientos euros de impuestos y hará frente a sus necesidades con mil doscientos euros. Si la presión fiscal aumenta al 80%, la persona sólo dispone de 600 euros para llegar a fin de mes. Por lo tanto, deberá trabajar más horas para ganar los mil doscientos euros que necesita cada mes, concretamente el doble.

Como la presión fiscal ha pasado de ser el 60% a ser el 80%, el porcentaje complementario de la presión fiscal ha pasado de ser el 40% a ser el 20%: al ser la mitad, la persona tiene que trabajar el doble de horas para ganar los mil doscientos euros que necesita cada mes. Esto muestra que conforme la presión fiscal aumenta la actividad aumenta también.

Por lo tanto, conforme la presión fiscal tiende al 100%, la actividad económica, la renta y la recaudación fiscal tienden a infinito.  Esto prueba que la función que relaciona la recaudación fiscal con la presión fiscal es discontinua en el punto 100%. Como la curva de Laffer está basada en una hipótesis falsa, no se cumple: esto está confirmado por la experiencia.
Dado que, cuando la presión fiscal es del 100%, el estado confisca todo lo que el ciudadano produce y es posible que este se niegue a producir, he titulado esta entrada "La paradoja confiscatoria". El ciudadano no produce nada para una presión fiscal del 100%; pero, si esta es inferior al 100%, la actividad del trabajador crece rápidamente conforme crece la presión fiscal.

jueves, 13 de octubre de 2011

Uno de los nuestros

Como socialista, creo en la solidaridad. Entiendo que somos solidarios cuando nos unimos con un fin. El pastor protestante Martin Niemöller en su poesía “Los nazis vinieron a por los comunistas” –erróneamente atribuida a Bertold Brecht- nos cuenta lo siguiente:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.”

Esto muestra que, si dejamos que ataquen a uno de los nuestros, acabarán con nosotros fácilmente.

Nosotros somos aquellos que luchamos por el socialismo. El socialismo es una asignación de los recursos de una nación que está justificada por ser la más adecuada para atender a las necesidades de la nación: su defensa, su persistencia en el futuro, su progreso científico y social… Naturalmente, una nación está hecha de personas –las que han luchado por construirla y nos han dejado, los que luchamos por hacerla progresar y los que nos sucederán en esta labor-. Estas personas no pueden desarrollar bien su labor si su salud no es buena; por eso, atender a su salud debe ser una de las primeras prioridades del Estado.

Es difícil que una persona que tiene que vivir en la calle y padecer el calor y el frío extremos y las inclemencias del tiempo pueda estar sana. De esto se deduce que un estado no puede considerarse socialista si no se preocupa de que cada familia tenga una vivienda. Puede que no sea posible construir un palacio para cada español; pero creo que una nación próspera como España puede darle a cada familia una vivienda digna. Construir viviendas y atender a los enfermos puede crear muchos puestos de trabajo.

El progreso científico, social y técnico de España es difícil si los españoles no reciben una formación suficiente o esta es tan cara que sólo la pueden pagar unos pocos. De cara a que todos los españoles tengan las mismas oportunidades,  el Estado debe proporcionar a cada español una educación que esté de acuerdo con su capacidad.

El mayor disgusto que puede llevarse un socialista es ver que los recursos que permitirían atender mejor a las necesidades de España y los españoles se los lleva un puñado de sinvergüenzas que utiliza sus cargos públicos para aumentar su patrimonio olvidándose de hacer una buena gestión. Si alguno de ellos dice que es socialista, miente.